Recordaba el primer asesinato, ahí veía el ritual; Joseph Rykwert tenía más puntos en la lotería del fogonazo neuronal que desgarrones se llevaban los negros, yo abandonaba la idea de que esta era una historia más bonita que las pelis de John Carpenter. La semana después de escribir mi reseña portunhola -una de las peores, 35 minutos de mirar el reloj y rezar por la indulgencia del dios autobús-, encontré que no encontraba aquel bello libro en el Google Books de la lectura parcial pero gratuita. ¡¿Pero qué libracos roba la gente de internet entonces?! Pues bodriogores del tipo El sí de las niñas. Decepcionante la papelera electrónica.
Este es otro de esos tebeos de la casta grapada sobre los que no encontraba información en la internet, ya se sabe que una de las venganzas máximas cuando se aman objetos en perpetuo derribo, porque estos toros se levantan de vez en cuando en forma de reedición, es encontrarse con alguien que los haya abrazado como uno hace en casa con ellos cuando no le miran. Horror propio muy privado del lector de tebeos. De un lector de tebeos. Un lector cualquiera... yo no hago esas cosas. Pero también la lectura de revistas de historietas fue grata para mí durante los años noventa de nuestro siglo -los lectores de este blog están al tanto de que aquí aún seguimos en pleno siglo veinte por causa de un contagio epidérmico brutal del que nada podemos decir, aunque no afecte a la lengua-, eso a pesar de enterarme con ellas que la mayoría de creadores españoles de historietas que a mí me gustaban eran unos carniceros pornógrafos mataniños. Recuerdo por ejemplo el caso de otro comicbooquerón que marcó época al que criticaban como a una última plaga cualquiera del iberomanga porque la protagonista vestía camisetas de tirantes, y la publicidad de la serie prometía algo así como acción, aventuras y tetas grandes. El independiente Tess Tinieblas de Germán García (y el rey de los robotos gigantes Luis Bustos). Porque tengo suerte con los sustos gordos nunca encontré una reseña o una columna de opinión dedicada a Harammr. Si tenéis algo parecido por vuestra casa enviádmela, que yo os mandaré una cosa que ilustra sobre el progresismo bolchevique revolucionario del Arzak de Moebius.
Hoy parece imposible, pero la Glénat de los noventa publicaba novelas gráficas con tapa blanda, y en verdaderos miniformatos, además de una línea de tebeos a lo comicbook. No largo lo de la grapa indenpendiente (otra denominación USAda que nos colaron los críticos indies), o la saga editorial Laberinto de comicbooquerones. Todos tienen en común su manchita de oxido en el corazón, y su reedición se hace inimaginable. Aunque haya vuelto Nancy in hell con tapa dura y extras.
Pues aquí, uno de los tebeos de horror y fantasía heroica de la Época de la grapa publicado en la colección Tebeos Glénat - Línea autores españoles, estoy viendo que tampoco hay reseñas de Locura. "¡Otra barabridad!" Pero sí, he dicho Fantasía heroica."Lo que es más profundo en el hombre es la piel" , Paul Valéry
Supongo a los tres lectores españoles de este blog tan encanecidos como los lectores brasileños y portugueses de mis paridas, e igual que ellos habrán reconocido la palabra marcada por el historietista Mike Ratera para titular su obra, Hamramr, y ahora sonríen. Es bien fácil y práctico, con dos perchas de plástico enganchadas a nuestros carrillos tiramos hacia fuera y decimos ¡hombre lobo! Un culto mucho mayor que el habitual, en el que el dibujante recrea el espacio psicológico y cultural para el hombre lobo concentrando su gesto educado en el folclore y a mitologia germánica. Pero él ordena y establece su modelo a partir de un trayecto alejado del simple catálogo de referencias, fuera entonces del vikingo desnudo de Sergi Álvarez y Sagar Forniés: el terreno más abierto del salvajismo urbano donde incluso el hombre lobo pierde su piel para mostrar la supervivencia de una antigua tradición aún no extinguida, la ciudad como territorio. La predica del racismo.
No es casual, el señoor Ratera situa a su bestia ante el horizonte de la gran urbe indefendible de la Gran Manzana en la que este gigante perfecto (superior) ventea el aire como um animal. Invisible. Persiguiendo el sufrimento, el mal y el vicio en las murallas de los rascacielos. Encuentra la primera víctima para el sacrificio urbano, un nigger, o nigga, un descendiente de los esclavos. Pecando por su drogadicción junto al surco de la Roma moderna, muro bajo, una puerta redonda a través de la cual los muertos salen de la ciudad. Ambos son el ideal uno de otro, víctima y asesino, en Central Park, los refundadores de Nueva York. El asesino, Erik Wulkan, viste una gabardina mediante la que se transmite la brutal analogía del cambio de piel, igualmente utilizada por Frank Miller para su personaje Marv en Sin City. Aunque la mudanza de Erik Wulkan resulte más extrema, ya que contrariamente a las cicatrices, el rosto de cuero, y el juego irónico de los abrigos de Marv, se muestra como um medio sensorial. Las svasticas tatuadas sobre su cuerpo son la primera pista del carácter sobrenatural de Hamramr. Tras esa sangrienta refundación de la metrópolis conocemos a Clinton, hermana de la víctima sacrifical, prostituta y bailarina, una vengadora universal dispuesta a combatir el mal de la desigualdad con su propio cuerpo. Que se volverá sensible a la fuente natural del poder de Wulkan atravesando su propia iniciación sangrienta. Y a Jacob Levitz, el cazador de nazis. Protagonistas de esta historia de horror donde se aunan la II Guerra Mundial, la persecución de los nazis en América, y la imposibilidad de la gran urbe para absorver todo lo no acabado de formar en su seno. Y en esta senda de los recuerdos del hombre lobo es que el lector encuentra el día de la transformación radical, cuando las tropas de Hitler retroceden a través de Rusia como animales salvajes. Creo que pudieron ser estos momentos los preferidos por otros lectores que todavía recuerden la labor de documentación del autor, y que elogiaba uno de aquellos otros atrevidos dentro del correo de los Tebeos de Glenat, sobre a ideologización de los soldados alemanes. Pero más importante creo yo que pueda ser la cercanía de esos relatos de guerreros nórdicos y los ataques de locura diabólica atribuidos por el folclore a los hombres que se apropiaban de las formas de las bestias.
Me parecería estúpido recordar la derivación de la palabra hamr -sé que uno de mis tres lectores es Lord_Pengallam-, o las historias rusas sobre hombres cubiertos de pieles que recorrían el país saqueando y matando. Mike Ratera ha amalgamado todos esos componentes en um historieta mitológica, su hombre lobo mistura el refinamiento en la crueldad de los soldados nazis con la locura diabólica de las creencias rusas y la piel y la ropa de las leyendas nórdicas. Tal y como se puede apreciar cliqueando sobre la imagem robada, la exquisita y rara crueldad de los soldados se asemeja al comportameinto atribuido por el folclore ruso a sus propios hombres lobo, el protagonismo del horror sobrenatural es el mayor logro. Una conclusión lógica, pues el embeleso racista del oficial de las SS protagonista de la historia encuentra su equivalente expresado en las experiencias cosmo-biológicas estudiadas por Mircea Eliade sobre la autoctonía mística. (Yo creo que) Solo el personaje Slaine de Pat Mills refleja el mismo sentimento, con la ventaja quizás de pertencer por entero al género de la fantasía heroica. Un género menos estrecho de lo que se cree por aburrimiento, capaz también de invadir otros escenarios y de trocar dentro de estos sus espacios imaginarios hasta el punto de transformar un dragón en un niño suplicante y al guerrero solar en bestia sangrienta.

Mira ahora esta otra página, se trata del hombre lobo de Mike Ratera. El berseker (como me engañaron con el manga procuro evitar en lo posible el uso de esta palabra, cicatriz del lector de tebeos). Erik Wulkan justo después de transformarse en una versión del hombre perfecto tan folcloricamente adecuada como alejada del profetizado fanatismo hitleriano, ya avisé, en el pasado o en el futuro, gabardina o cuero de animal, estamos ante reflejo de un mismo elemento, la piel. Y el cambio de piel como modificación de la experiencia sensorial. Un acto mágico.
Nunca relataré que fue de sus soldados. Quiero que lo leas. O la ceremonia que transforma a Erik Vulkan en un monstruo superior. Porque me gustaría que pudieras leer este tebeo aunque fuese reeditado en tapa dura y con cuatro extras -ayer compré el de la motosierra infernal de Dibbuks, compraba las revistas de espadas de aquella muerta editorial, pero no los de horror-. Entre otros ejemplos del horror grapado como las grapejas de Jesús Saiz, Azoth, este tebeo merece ser leído de cualquier forma. Hazlo como puedas. Mientras tanto, a la espera del milagro de la reedición de este material popular, repetitivo y mítico, referiré otro de los aspectos mitológicos de esta obrita barbaramente superiora: el horror urbano.
Olvidad aquel sovkhoz. El lobo, el cementerio y a las strigoi. ¿Ya os dije que su primeir asesinato newyorkino ocurre en el centro de la ciudad? Como Eliade, como Ricardo Barreiro y Juan Giménez, el señor Ratera conoce la importancia del centro. Una mujer "Es deseo de mi señor Shango que así sea.", um viejo judio "¡Con la ira de Yavé yo te destruyo Golem!", dos locos asesinos persiguen al hombre lobo (en la desgracia mítica los papeles se intercambian con una especie de amable dificultad); uno de ellos le extraerá su última piel, su piel verdadera, su cultura, su faz histórica, otro atravesará su corazón. Como en una peli de Jon Carpenter, privado de todos sus emblemas mágicos la nueva criatura deja atrás su pasado, la guerra, la ideología nazi, quizás, la raíz folclórica (demasiado remota) para instaurar un nuevo terror en los subúrbios. Un horror sin identidad entre los cubos de basura de la metrópolis.
"Lo que separa el alma del cuerpo no es la muerte, es la vida.", Paul Valéry, y en un medio modelado por las diferencias sociales y raciales la vida separa los rascacielos de los príncipes que los levantaron. En este orden formal del universo cada asesinato racista, cada acto de desigualdad refunda la ciudad. Así, el lobo no precisa de su piel.
Yo creo que es el mejor tebeo horroroso en grapa que conozco. Trabajito brillante. Ten en cuenta además que hay un par de cosas que no te he contado sobre él, lo fundamental de entre lo que soy capaz de apreciar está aquí. Sobre el gore no sé nada, lo que sí lamento es no haber tenido más conanes raterizados. Y que quizás nunca vuelva a leer tebeos de este autor...
- Una historia de Mortadelo e Salaminho/Salamão e Mortadela con guión y dibujos de Mike Ratera en el blog [link]--> El rincón de Mortadelón
- Reseña de Hunter no blog []--> markowsky4ever.blogspot
- Mike Ratera en []--> Historeitistas españoles de la A a la Z
- Blog do quadrinista []--> mikeratera.blogspot.com
- Mike Ratera e Conan []--> Ultimate Conan Fanblog

3 comentarios:
Hey. Este cómic lo leí en su momento por mediación de un amigo y flipé. Me gustó mucho. Desde entonces lo busco pero nada. Ratera dibujaba fatal pero tenía talento. Otro autor que podría haber hecho algo si no hubiese sido asesinado al nacer por la inexistencia de industria.
Ni idea. Mi crebro acaba de ser atacado por esas imágenes y aún no sé discernir si existe repulsión o atracción
¡Manda un cuento a la revista Cimmeria!
millennium-comics.blogspot.com
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