
Más complicado de lo que se presenta en principio, y sin anonimato. Si se puede hacer hay que hacerlo, aunque no hablemos de cerillas ni de bombas nucleares. Un poco de poder siempre es un poco de poder. Además, con este gramo de fuerza tembladora del voto yo ya me siento como una de las pieles de estropajo del armario de cuerpos del subespacio que aparecían en Miracleman. ¿Cómo era aquello? "¡Marmota! ¡Kemota! ¡Limosna..."
Mejor intento otra vez lo de la ventana, más vale que funcione. Me llamaría el Vencejo humano (no sé como me lo traducirán los de Bruguera), el superhombre que temía dejar de volar, lo cual abrirá un mundo de posibilidades para los dibujantes de mis aventuras: "Nunca de pie, jamás sentado, el superhéroe que siempre vuela." ¡Cómete esa Stan Lee!
1 comentarios:
Nota ventral:
La historia comienza con un enorme fastoback (¿se escribe así?, que lo remiende el editor) durante la gran nevada de 1974 que impidió a las golondrinas cruzar los alpes y los pirineos de regreso hacia África. Mis padres, unos suizos muy majos con cara de panceta, naturalmente, españoles recriados por la teta europea del esclavismo sin nido de su tiempo, recojen en cajas de madera todas las aves que pueden para salvarlas mediante expedición especial en avión hasta España. ¡Pero eso es lo que se creen los franceses y los primos alemanes de los suizos!
Mis pancetas recogen los bichos voladores, como el resto de obreretes españoles, para mandarlos a las despensas de sus familias en Madrid, Almagro, Fuencaliente, Corcubión, Betanzos, Puerto Rápido, y otras mil localidades negras. El resto es para imaginarlo, un niño abriendo una caja, la abuela y su puchero especial. Pero lo que debía haber acabado como potaje de avecillas termina en una aventura espectacular cuando un abejaruco entra por la chimenea achuchando y el niño acaba por ser picado por un vencejo a medio cocer -la educación zoológica de sus progenitores es mediocre como la de cualquier español-. Luego, el traje, las aventuras nocturnas a 1800 de altura, la OTI, la OTAN... Ya sabrá el dibujante. ¡A lo Marvel!
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