Tebeo a la romana con todo su ritual

Comenzar a arrancar la internet y no encontrar lo que uno quiere se hace irritante. Ya hace años que venía tirando de tripas por ese hechizo, no todo sale, así que me gusta poder leer reseñas (o noticias) sobre dibujantes, historietas y papel del madero de tebeo a los que hasta hace poco solo se podía fichar por el nombre.
Así seguía hasta hace tres días, cuando aparecieron los vapores para un tebeo precioso que han hecho aterrizar en las librerías de nuestra piel de tordo, el Imperator de Mazzitelli y Alcatena. Tebeo que supongo agotado; los cuatro que trajeron a la cobacha de donde saco el material se vendieron en el mismo mes. Mi librero no es muy de reponer tesoros para minorías mayúsculas como nosotros, pero siempre puedes pedir por uno al tuyo. De todas maneras esta extraña tela ha dejado dos hilos interesantes que bien pueden servir para engarzar cuentas, sígamos o no atentos a próximos lluvias de paracaidistas peruanos, argentinos, italianos... ¿Españoles? ¿Ediciones españolas? Yo ya las pedí cuando creía que los foros editoriales eran leídos por los propios editores. En fin, a seguir las reseñas de dos señores muy atentos al tema:

Imperator en []--> El Critikrator

Imperator en []--> El lector impaciente

Como a mí no me sale ni una pifia sin tener a mano un par de imágenes bien robadas, tiro croquetas a la sarten; así que, por el mismo precio acabamos en nuestro fregadero con una de calamares a la romana y mis croquetas rituales de Joseph Rykwert. Un libro con fotos y dibujos, que menos en una fritanga con historietas, La idea de ciudad (Ediciones Sígueme) que toma a Mircea Eliade, así lo declara el autor, por alguien importante. Tampoco es que sea el único, hubo expertos en macrosociología que supieron utilizar los escritos sobre el centro del historiador de las religiones. Paso a robar el acostumbrado fragmentillo:


Ritos de destrucción

Una vez erigida ritualmente la ciudad, esta poseía una existencia más que física, y no solo en el sentido obvio al que se remitía el derrotado general ateniense Nicias al arengar a sus soldados ante Siracusa con la sonora frase sobre la trascendencia de Atenas que cité al comienzo de este libro. La ciudad tenía un tipo de existencia tan tenaz y peculiar, según reconocía la costumbre antigua, que un jefe guerrero vistorioso no quedaría satisfecho habitualmente con el incendio o o el arrasamiento de la ciudad, sino que había que desacerla ritualmente, como para desinstaurarla. Servio menciona "la costumbre de los antiguos de que, si una nueva ciudad se fundaba mediante el uso de un arado, también habría de ser destruida con el mismo rito con que había sido fundada".
Poco es lo que sabemos acerca de las resonancias de la mayor destrucción que narra la leyenda clásica, la de Troya, pues ni la Odisea ni la Eneida se ocupan de este suceso concreto, aunque el caballo de Troya tiene unas turbadoras connotaciones simbólicas. Hay además una curiosa alusión en el Culex a Aquiles arrastrando el cuerpo de Héctor tras su carro tres veces en torno a los muros de la ciudad: "Y con el cuerpo de Héctor purificó (lustravit) el vencedor a Troya".
Más abundantes son las noticias acerca de la destrucción de Cartago, antitipo histórico de la caída de Troya. Escipión siguió la habitual costumbre romana para asegurarse la victoria: durante el asedio "consagró" su ejército y la ciudad, conminando a sus dioses tutelares ("Si hay un dios, si hayuna diosa...") mediante un encantamiento (carmen) a pasarse al lado de los romanos y recibier culto de estos. El augur tenía que asegurarse mediante los oportunos auspicios de que el requerimiento había sido atendido antes del asalto final. Una vez tomada y destruida la ciudad, su solar tenía que ser arado o, más bien, "desarado". Es posible que se condujera el arado en el sentido de las manecillas del reloj en torno al emplazamiento de la ciudad. Las implicaciones legales de tal ceremonia son evidentes: "Si se debían rentas a una ciudad, y está ciudad había sido arada, es que ya no tenía existencia legal. Cartago, pues, había dejado de existir y sus rentas recibían el mismo trato que las de un difunto". Esta ceremonia, por supuesto, no era exclusiva del mundo romano [...]

Creo que escogí este fragmento porque el capítulo titulado Gente lejana fue el que más le gustó a uno de mis vecinos reseñistas. Pero la verdad es que me acordé de este libro mientras escribía una cutrereseña de la portuñolamadre sobre un tebeo español de horror, un momento realmente entretetenido donde ya me perdía entre el recuerdo del propio tebeo, que ya caerá por aquí, y el del libro. Un libro caro en su día aunque yo pudiera leerlo de gratis en la universidad, donde estuve ayer mismo para robar este fragmentillo; ahora lamento no haber sabido traer uno mejor, imaginaba que estaría entre los libros de google, pero encantará a los fanes de Eliade y, también, a todos los que están cansados de ver a los héroes mitológicos, a los soldados, incluso, a los peores monstruos, representados como seres descreídos. Como si fuera posible que ellos no creyesen lo mismo que sus contemporáneos. Lamentablemente, esto es lo que de un modo u otro suele hacerse también en la historieta. ¡No es el caso de Imperator!
Y el que se encuentre ante la posibilidad de comprarse tebeo y libro no tiene premio. Yo le odio.

Para los vivos dejo un pequeño enlace hacia una página que visitaba constantemente cuando tenía ordenador, la explicación me parece que puede ser mi gastada creencia de que la historieta argentina y española poseen los mejores tebeos urbanos. De llegar a organizar una clasificación nos podría salir de Beroy a Jordi Pastor, en España, o, para Argentina, Ricardo Barreiro a Arguimbau (no recuerdo el apellido), un listado impensable: []--> Contratiempo

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