Nunca se debe dar por perdido a nadie, sea una persona o un animal.

Soy bueno... En navidad.
Para dar cuenta de la aparición de la cuarta proporcional mitad de mis resortes navideños, yo también soy casi humano, como la mayoría, me quedé necesariamente en medio de nada, tomo un viejo recorte de periódico; una historia sencilla, una parte del fenómeno que se completa antes de que aparezca un fin conforme a la idea del circulatorio. Un cuento bonito. De los que no soportarían Todorov y ese amigo suyo de ahora que es español, el científico-literario de la fantasía nuestro. ¡Aburrídismo!, en serio, muy bueno él. Totalmente seco, digo, académico... quiero decir, neutro... ¡Neutral! ¡Postpromerno...
Vale, entre espinas llega el lirio, este cuento bueno nos lleva a la rueda la rueda la rueda, que nos concede, y rara vez hoy lo vemos en televisión, ni en los tebeos (cada vez más inteligentes), una imagen con la que es posible creer en las reconstruciones, un cuerpo natural venciendo sobre los cuerpos naturales. Tiene la ventaja de no necesitar de emblemas ni pancartas, es claro, a animales como Linda y a hombres como José Ángel los trae el viento -estoy por asegurar que el viento fue incluso antes de lo moderno, pero convendría revisar a Todorov para realizar una afirmación así de gordísima -.
A pinchar en la imagen y a llorar por algo bueno. Que es navidad, y tengo un gremlin precocinado en mi horno microondas.

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